El consumo privado y la inversión siguen impulsando el crecimiento
En 2026, el crecimiento español seguirá moderándose, aunque se mantendrá sólido y será significativamente superior al de las principales economías europeas. La economía volverá a estar impulsada por una sólida demanda interna privada. El consumo de los hogares (que representa casi el 55 % del PIB) se ve respaldado por un mayor poder adquisitivo gracias a una inflación moderada, un mercado laboral dinámico y, en consecuencia, un aumento de la renta bruta disponible real. Los aumentos salariales negociados en los convenios colectivos alcanzaron una media del 3,5 % en 2025, superando una vez más a la inflación. La tasa de desempleo cayó por debajo del 10 % en el cuarto trimestre de 2025 por primera vez desde la crisis financiera. Además, la solidez del mercado laboral va acompañada de un aumento de la población activa impulsado por la llegada de inmigrantes. Desde 2022, la población extranjera ha contribuido en más de un 70 % al aumento de la población activa. En el tercer trimestre de 2025, la tasa de ahorro de los hogares se situó en el 12 % de la renta disponible, un nivel históricamente alto (la media de 2015-2019 fue del 7,3 %), a pesar de su descenso gradual durante el último año, tras alcanzar el 13,1 % en el tercer trimestre de 2024.
Además, se prevé que la balanza comercial vuelva a contribuir negativamente al crecimiento debido a la desaceleración de las exportaciones, unida a unas fuertes importaciones para satisfacer la demanda interna. Aunque España volvió a registrar un año récord en turismo en 2025 gracias a los visitantes extranjeros (97 millones de llegadas, un 3 % más que el año anterior, tras un +10 % en 2024), la normalización de la recuperación del sector supondrá una contribución más limitada. No obstante, las exportaciones de servicios seguirán beneficiándose de la fortaleza del turismo, que seguirá siendo un pilar fundamental del crecimiento del país (representando el 16 % de su PIB y el 14 % del empleo total en 2024). Además, las exportaciones de bienes se verán afectadas por la apreciación del euro frente al dólar estadounidense y por la frágil demanda de los países vecinos, ya que casi el 65 % (compuesto principalmente por automóviles, maquinaria, petróleo refinado, productos farmacéuticos, plásticos y alimentos) tiene como destino el resto de la Unión Europea (el 71 % si se incluye al Reino Unido). No obstante, España está menos expuesta a los aranceles estadounidenses que otros países europeos, ya que Estados Unidos representa menos del 5 % de sus exportaciones de bienes.
La recuperación de la inversión privada (que representa algo más del 20 % del PIB) debería continuar gracias a la mejora gradual de las condiciones financieras. No obstante, podría verse frenada por la aversión al riesgo de las empresas, sobre todo ante la persistente incertidumbre que ensombrece el panorama económico y geopolítico internacional. La inversión también se verá respaldada por la aceleración de los desembolsos de los fondos europeos en el marco del Plan Nacional de Recuperación, con casi 80 000 millones de euros en subvenciones y 83 000 millones de euros en préstamos para el período 2021-2026. A principios de 2026, España apenas había recibido el 44 % del importe total. Dado que las solicitudes de financiación vencen en agosto de 2026, los desembolsos podrían acelerarse, por tanto, en el primer semestre del año. Sin embargo, en diciembre de 2025, el Gobierno anunció su intención de renunciar a casi 60 000 millones de euros en préstamos, argumentando que la mejora de su perfil crediticio le permitía obtener financiación directamente en el mercado a tipos similares o incluso más ventajosos, lo que le permitía eludir las condiciones y los plazos de ejecución asociados a los fondos europeos. Por lo tanto, se limitará a liberar los 25 000 millones de euros restantes en forma de subvenciones, lo que reducirá el paquete total de fondos al 8 % del PIB de 2019. También se espera una modesta contribución del gasto público, a falta de un nuevo presupuesto.
Consolidación gradual de las finanzas públicas
La consolidación de las finanzas públicas debería confirmarse a pesar de que es poco probable que se apruebe el presupuesto de 2026, lo que supondrá la prórroga del presupuesto de 2023 por tercer año consecutivo. No obstante, las cuentas públicas seguirán en déficit tras haberse deteriorado significativamente durante las crisis sanitaria y energética. La reducción del déficit se verá respaldada por la disminución de las ayudas por las inundaciones relacionadas con la DANA (octubre de 2024) y por el impacto positivo que tendrán en los ingresos el fuerte consumo y la dinámica del mercado laboral. Por lo tanto, se espera que España registre un superávit primario en 2026 (es decir, excluyendo los intereses de la deuda) por primera vez desde 2007. No obstante, aunque el Gobierno ha retirado la mayoría de las medidas de apoyo adoptadas durante la crisis energética, ha prorrogado el bono social de electricidad, que reduce las facturas de electricidad de los consumidores más vulnerables hasta finales de 2026. Aunque España consiga evitar el procedimiento de déficit excesivo en 2024 a pesar del restablecimiento de las normas fiscales europeas, la sostenibilidad de su elevada deuda pública sigue siendo uno de los retos a medio plazo del país. Si bien el presupuesto renovado incluye aumentos del gasto público, la falta de reformas estructurales está ralentizando la consolidación fiscal y el alivio de la deuda. A pesar de la tendencia a la baja de los últimos años, la deuda pública externa neta de España sigue estando entre las más elevadas de la Unión Europea (44,2 % del PIB en el tercer trimestre de 2025).
El superávit por cuenta corriente registrado desde 2013 se ha recuperado rápidamente de las crisis sanitaria y energética, y se espera que se estabilice en 2026. Esta notable mejora se debe principalmente al importante superávit de la balanza de servicios (más del 6,3 % del PIB en 2024), que se ha recuperado gracias al turismo extranjero. El superávit compensa el déficit estructural de la balanza de bienes, atribuible en gran medida a la dependencia energética (aunque la factura ha disminuido desde 2022), y de la balanza de rentas (remesas de las diásporas latinoamericanas y marroquíes a sus países de origen).
Una coalición dividida bloquea la puesta en marcha de reformas importantes y pone en peligro la estabilidad del Gobierno
Tras las elecciones generales anticipadas de julio de 2023 y ante la ausencia de una alternativa viable en la derecha, el primer ministro socialista saliente, Pedro Sánchez (PSOE), logró mantenerse en el poder a pesar de quedar en segundo lugar. A pesar de no contar con mayoría absoluta (121 escaños de un total de 350), el partido de izquierdas se encontraba aún en mejor posición para formar gobierno que el Partido Popular (de derechas), liderado por su rival Alberto Núñez Feijóo. Por lo tanto, Sánchez se vio obligado una vez más a formar una coalición con 179 votos, incluidos los de su principal aliado de izquierda, Sumar (31), EH Bildu (6), ERC (7), Junts (7), PNV (5), BNG (1) y la Coalición Canaria (1).
Esta coalición heterogénea, que incluye a partidos separatistas catalanes y vascos, puso de manifiesto de inmediato la fragilidad del Gobierno y supuso un revés para la dirección, a pesar de las negociaciones previas y las polémicas concesiones. La aprobación de la Ley de Amnistía, que indulta a los separatistas catalanes implicados en el intento de independencia de 2017, no se aplica, sin embargo, al líder de Junts, Carles Puigdemont, que sigue exiliado en Bélgica. Esta fragilidad quedó patente cuando el partido separatista catalán Junts anunció en octubre de 2025 que rompía sus lazos con el PSOE, lo que situó al Gobierno de Sánchez en una posición minoritaria y provocó una parálisis política, como demostró el rechazo de los Presupuestos Generales de 2026. El hecho de que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no haya conseguido el apoyo a los presupuestos por tercer año consecutivo pone de nuevo en duda su capacidad para gobernar debido a la dependencia de los partidos independentistas regionales. El Gobierno es incapaz de aprobar reformas de gran alcance y se ve obligado a gobernar por decreto, negociando caso por caso. Sin embargo, Junts parece haber descartado la idea de apoyar una moción de censura junto con el PP y Vox, evitando así, por el momento, nuevas elecciones anticipadas. Las elecciones autonómicas que se celebrarán en el primer semestre de 2026 podrían suponer un cambio en las tendencias de voto de cara a las elecciones generales previstas para el verano de 2027.

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