El crecimiento mejorará en un contexto de desinflación gradual
El perfil de crecimiento subyacente debería mantenerse relativamente moderado en la economía turca durante el resto de 2026, como reflejo de unas condiciones financieras restrictivas (crecimiento limitado del crédito, tipos de interés reales elevados) y una demanda exterior más débil. Es probable que el consumo privado (alrededor del 55 % del PIB) se mantenga débil a corto plazo, ya que los elevados costes de financiación, la ralentización del crecimiento real del crédito (alrededor del 25 % en julio de 2026 frente a una inflación interanual del 31,8 %) y la erosión acumulada del poder adquisitivo de los hogares frenan el gasto discrecional. No obstante, un aumento relativo de los salarios reales y el descenso gradual de la inflación deberían evitar una debilidad más acusada de la demanda de los hogares. Es probable también que las inversiones (alrededor del 30 % del PIB) sigan siendo desiguales: los elevados costes de financiación, la menor rentabilidad y la incertidumbre sobre las perspectivas de la demanda deberían seguir lastrando las inversiones del sector privado, especialmente las de las empresas más pequeñas, mientras que las inversiones en maquinaria, automatización y mejora de la productividad por parte de las grandes empresas deberían mostrarse más resistentes. Dado que se espera que la política monetaria se vaya relajando progresivamente y que la desinflación mejore el poder adquisitivo de los hogares, las condiciones de la demanda interna deberían mejorar en 2027. Por lo tanto, el consumo privado debería recuperar impulso, mientras que la reducción de los costes de financiación y la mejora de la confianza empresarial deberían respaldar una recuperación más amplia de las inversiones. La normalización de la demanda interna, potencialmente reforzada por una orientación fiscal más favorable de cara al ciclo electoral (previsto para 2028, aunque se espera que se celebre en algún momento de 2027), debería impulsar un crecimiento acelerado. Sin embargo, el consiguiente aumento de la demanda podría complicar aún más la fase final del proceso de desinflación.
A nivel sectorial, se espera que la industria automovilística se mantenga relativamente resistente, respaldada por las exportaciones y la integración en las cadenas de suministro europeas. Se prevé que la actividad repunte gradualmente en 2027 a medida que se suavicen las condiciones de financiación y se recupere la demanda interna. Es probable que los sectores textil y de la confección sigan bajo presión debido a los elevados costes laborales y a la competencia de productores con costes más bajos. No obstante, la situación podría estabilizarse en 2027, especialmente en los segmentos de mayor valor añadido. Se prevé que el turismo se mantenga relativamente sólido a pesar de la incertidumbre geopolítica y de una menor competitividad en los precios. Las perspectivas para el sector deberían mejorar aún más en 2027, siempre que se alivien las tensiones regionales.
Se prevé que la tendencia desinflacionista continúe, aunque a un ritmo relativamente gradual. La mejora estará inicialmente asociada a una menor demanda, una política crediticia restrictiva y un efecto de base favorable, mientras que la inflación de los servicios (en particular, los alquileres y otros componentes con carácter retrospectivo, como la educación) probablemente será considerablemente más rígida que la de los bienes. Al mismo tiempo, las perspectivas de inflación siguen expuestas a importantes riesgos al alza derivados de los precios de la energía y los alimentos, la evolución geopolítica y el efecto de transmisión de los tipos de cambio. En este contexto, esperamos que el banco central mantenga un ciclo de flexibilización prudente y dependiente de los datos, dando prioridad al mantenimiento de tipos reales suficientemente altos en lugar de perseguir recortes rápidos de los tipos nominales. El margen para la flexibilización monetaria debería aumentar aún más en 2027, ya que se prevé que la inflación general y subyacente se moderen. Sin embargo, dado que es probable que la actividad económica se fortalezca y que la política fiscal resulte potencialmente más favorable de cara a las elecciones, el banco central deberá calibrar cuidadosamente el ritmo de los recortes para evitar que una recuperación prematura del crédito y el consumo socave el proceso de desinflación.
Posible relajación leve de la política fiscal de cara a las elecciones, además de un déficit exterior más reducido
Se espera que la situación fiscal de Turquía mejore gradualmente, aunque es poco probable que el ajuste sea lineal. La normalización del gasto en reconstrucción tras el terremoto (estimado en unos 91 000 millones de dólares entre 2023 y 2025), el mantenimiento de la solidez de los ingresos fiscales nominales (con un aumento interanual del 40 % en el periodo de enero a julio de 2026) y una mayor disciplina en el gasto deberían respaldar la consolidación fiscal. Al mismo tiempo, es probable que el elevado gasto en intereses (alrededor del 15 % del gasto total), los ajustes salariales y de las pensiones del sector público y otros compromisos de gasto social frenen el ritmo de las mejoras. A medida que la inflación se modere, el apoyo que los altos niveles de inflación proporcionan a los ingresos fiscales nominales se reducirá gradualmente, lo que hará que un control más estricto del gasto público corriente y la mejora de la eficiencia del gasto cobren cada vez más importancia para permitir una consolidación fiscal sostenida. Además, la política fiscal podría volverse menos restrictiva a medida que se acerquen las elecciones, estando previstas actualmente las elecciones presidenciales y parlamentarias para 2028, o posiblemente antes. En general, la carga de la deuda pública, relativamente baja y estable, constituye un importante colchón y sitúa a Turquía en una posición comparativamente favorable entre las economías de mercados emergentes. Sin embargo, dado que se prevé una flexibilización de la política monetaria y una recuperación de la demanda interna, será importante mantener una orientación fiscal suficientemente restrictiva, sobre todo para garantizar que la política fiscal no frustre el proceso de desinflación.
Se prevé que la balanza exterior se mantenga más sólida que en períodos anteriores de crecimiento impulsado por la demanda interna. Se espera que las condiciones financieras más restrictivas y el ritmo aún moderado del consumo privado sigan actuando como freno a la demanda de importaciones a corto plazo, mientras que el turismo (el 10 % del PIB) y los ingresos por otros servicios constituyen una importante fuente de ingresos en divisas. El saldo energético (las importaciones netas de energía se situaron en torno al 3 % del PIB en 2025) seguirá siendo un factor determinante de las perspectivas, lo que hará que la balanza por cuenta corriente sea sensible a la evolución de los precios mundiales del petróleo y del gas natural. A raíz de la desinflación y la flexibilización de la política monetaria, se espera que la recuperación del consumo privado y la inversión genere una mayor demanda de importaciones de bienes de consumo y de equipamiento, que representaron, respectivamente, el 18 % y el 15 % del total de las importaciones en 2025. No obstante, el crecimiento sostenido de las exportaciones, el turismo y una composición más equilibrada del crecimiento (menos dependiente del crédito y menos orientado a las importaciones) deberían permitir que la situación de la balanza por cuenta corriente siga mejorando a pesar de la aceleración de la actividad económica. Esto representaría una importante mejora cualitativa en el perfil de crecimiento de Turquía, al reducir sus necesidades de financiación externa y su vulnerabilidad ante los cambios en el apetito de riesgo mundial. La durabilidad de este ajuste dependerá, en última instancia, del mantenimiento de la competitividad y del aumento de la proporción de financiación a más largo plazo, en particular la inversión extranjera directa, mientras que la acumulación continuada de reservas internacionales proporcionaría un colchón adicional frente a las perturbaciones externas. La mejora de la balanza por cuenta corriente debería facilitar esta acumulación. La tendencia ya es evidente, ya que las reservas internacionales totales han ascendido a 178 400 millones de dólares (alrededor del 110 % del saldo de la deuda externa a corto plazo de Turquía) y las reservas netas, excluidos los swaps, alcanzaron los 50 600 millones de dólares en agosto de 2026, impulsadas principalmente por las nuevas compras de divisas por parte del banco central y el aumento de las cotizaciones mundiales del oro.
Creciente papel diplomático en una región frágil; atención nacional centrada en las elecciones
La posición geopolítica de Turquía presenta tanto importantes oportunidades como riesgos. Su ubicación estratégica, su pertenencia a la OTAN y sus vínculos económicos con África, Asia Central, Europa y Oriente Medio han reforzado su importancia en un contexto de creciente fragmentación mundial. La mejora de las relaciones con la UE —lo que implicaría, en particular, avances en la modernización de la unión aduanera (quedan excluidos la agricultura y los servicios, pero Turquía debe alinearse con los acuerdos de libre comercio de la UE) y una cooperación reforzada en materia de defensa y en el sector industrial— impulsaría las exportaciones y la inversión extranjera directa. La capacidad de Turquía para mantener buenas relaciones con EE. UU., la UE, Rusia, Ucrania y los Estados del Golfo ha reforzado su papel como centro regional en los ámbitos del comercio, la energía y la diplomacia. Al mismo tiempo, sus vecinos inmediatos suponen un importante riesgo geopolítico. La estabilización y la reconstrucción de Siria podrían generar oportunidades para las empresas turcas en los sectores de la construcción, el comercio y las infraestructuras. Sin embargo, un recrudecimiento de las tensiones regionales podría aumentar la inestabilidad. Un conflicto prolongado y generalizado, que provocara la interrupción de los flujos energéticos regionales, resultaría especialmente perjudicial para Turquía debido al aumento de los costes de importación de energía, la desaceleración del turismo, el aumento del déficit por cuenta corriente, un repunte de la inflación y las presiones sobre la moneda.
Es probable que la evolución política interna siga siendo una importante fuente de incertidumbre en 2026-2027, sobre todo porque la atención se irá desplazando gradualmente hacia las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, previstas actualmente para 2028. Sin embargo, no se puede descartar que las elecciones se celebren antes. Tal decisión requeriría una mayoría parlamentaria de tres quintos, lo que significa que la coalición gobernante necesitaría apoyo fuera de su actual bloque parlamentario.

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